P10 Internacional: Paris et moi

Siempre nos quedará

París es una ciudad tan bonita como ya te han contado tu primo o la última etapa del Tour.

Impresionantes monumentos, enormes y cuidadísimos parques, cielos infinitos y tantas cosas por ver que si te obligas a visitar todo en una semana más te vale guardarte otra más para tomarte unas vacaciones de tus vacaciones. A bordo del bâton mouche tenía que sujetarme la mandíbula ante el espectáculo que veía tras cada orilla del Sena… Y no podía parar de repetir mis expresiones francesas favoritas: “Oh la-lá!… Sacré bleu!” (me contaron que ni un solo francés las utiliza, así que me molan el triple).

Los cientos de miles de esculturas del Louvre, la belleza de la iglesia de SacreCoeur o la catedral de Notre Dame, las calles de Montmartre, la enormidad de los Campos Elíseos o ver anochecer desde lo más alto de la Torre Eiffel… Descubrir la ciudad de la luz por primera vez significa guardar mil imágenes inolvidables en tu retina.
No quiero daros mucho la paliza con los detalles… cada rincón de allí es digno de una foto, así que os sugiero que echéis un vistazo a mi flickr para que os acerquéis un poco a algunas de las 900 que hicimos Tania y yo (no soy nada aficionado a hacer turismo detrás de una cámara, pero era difícil resistirse).
Pese a todo, también he de decir que no es una de esas ciudades a las que me mudaría, no me siento identificado con ella por un tema puramente “extrasensorial”… En ningún momento estuve cómodo del todo, el idioma hace bastante, o los precios (cinco euros por un agua mineral es jodido de aceptar para un madrileño) o quizás que todo sea tan gigantesco y la perentoria necesidad de hacer largos viajes en el metro (cosa que no aguanto)… Que queréis que os diga, que que todo esté tan bonito, colocadito y cuidado me huele un poquito a falso. Lo se, soy un poco contradictorio

En el apartado de curiosidades, al ser el mundial de rugby en las mismas fechas, por culpa de mi sudadera negra la gente me confundía con un aficionado de Nueva Zelanda y me gritaban cosas. Incluso se me acercó algún francés beodo. La moraleja es que la ropa que lleves puede abrirte puertas en el mundo del borrachismo deportivo, lástima no saber bailar el haka (todo se andará).

Nada más llegar, el roaming hizo estragos con el iPhone y me lo dejó hecho unos zorros. Cada vez que lo arrancaba, después de unos segundos los iconos desaparecían de la pantalla dejándome el aparato más limpio que lavado con Perlán. Para llamar tenía que encenderlo y darme mucha prisa en entrar en el icono correspondiente, y para poder hacer fotos lo tuve sin introducir el PIN la mayoría del tiempo. Una gracia. Hay un video en YouTube para que lo veáis con más detalle. Al volver todo se solucionó por arte de magia.

El Apple expo fue una mierda de cabra. Nada a reseñar… Probé una Cintiq en el stand de Wacom y la dejé llena de babas, vi el iPod “tauch” y recorrí los stands en busca de pegatinas y caramelos, como cuando tenía once años en la Feria del Libro. Las demos de Logic y Final tenían buena pinta, pero no me pilló con ganas y el stand del nuevo Microsoft Office era uno de los más grandes… Comprar el iWork ya mismo.

Un pensamiento en “P10 Internacional: Paris et moi”

  1. Muy buenas las fotos.
    Es curioso pero a mi me dejo la misma sensacion, quizas no sea tan calido como lo pintan despues de todo.

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