Mi experiencia con The Last of Us

me enfrenté a lo desconocido dejándome llevar y la verdad es que sobreviví a la AVENTURA sin traumas ni *gñé* tics nerviosos ni *gñé* nada así raro.

La imagen mental que tenía del The Last of Us antes de probarlo por primera vez hace un par de semanas era la de un videojuego de los creadores de la saga Uncharted protagonizado por un hombre que podría llamarse Tobikichi y una niña a la que quizás le llamasen Madame Kugelfisch. Con zombies y supervivencia. Con muy buenos gráficos.
Desde que se anunció, sabía que iba a jugarlo y por lo tanto traté de evitar a toda costa leer lo que se iba descubriendo. Algo que, cuando hay una obra como esta de por medio, es cada vez más habitual en mi forma de consumir información.
La culpa es del poder de la firma. Si el juego lo hubiese hecho otro estudio, quizás no le hubiese hecho ni caso, o le hubiese hecho mucho más caso antes para luego decidir no probarlo. Pero Naughty Dog se ha ganado una reputación de sello, algo muy difícil para otros estudios que producen muchos más títulos y por lo tanto no llegan a mantener siempre su nivel de calidad y de acabados, incomparable en el caso que nos ocupa.
Este es el tipo de juegos al que dedico el poco tiempo que ya paso delante de una consola. Y los compraría en cuanto se anuncian, no me hace falta eso de escudriñar cada captura que se filtra como cuando tenía 14 años. Quiero que al encender la tele, lo que pase pueda sorprenderme. Y un día Rockstar North, Thatgamecompany o algún otro de mi lista de confianza, harán un cagarro y me lo comeré con patatas por culpa de este método, pero os aseguro que ahora mismo no puedo estar más contento de haber ignorado los cientos de entrevistas, capturas y videos publicados. Por supuesto que me había llegado eso de “10/10 Masterpiece” o algún tweet hypeador, pero arranqué la consola sin saber de verdad a lo que me iba a enfrentar, y si le dedico todas estas líneas es para recomendarte que hagas lo mismo. Que le pongas a Joel el nombre que te apetezca en tu cabeza (Te sugiero Crapper Lopes) y si no has jugado dejes de leer a partir del siguiente párrafo, porque no me perdonaría joder tu experiencia.

Tobikichi y Madame Kugelfisch

Pues sí, pues sí. “The Last of Us”, ¿no? Joder, creo que jamás el título de un videojuego estuvo tan bien puesto. Quizás si acaso el Toki Tori (broma).
Este es un videojuego al servicio de una historia, no al revés. Hay muchas voces críticas alrededor de hacer de los videojuegos una experiencia estanca en la que intervienes únicamente entre las cutscenes con diálogos. Y en algunos casos lo comparto, hay juegos en los que el 70% del tiempo te lo pasas viendo animaciones y el resto correteando por mapas gigantescos en los que no pasa demasiado. Pero hay otros en los que la libertad de elegir por donde va la historia no es garantía de una mayor calidad en la misma, si no más bien lo contrario. Para mí un caso claro es el del Heavy Rain, una experiencia jugable gratificante que podía acabar con un final truñero si no le dabas a un botón concreto en el momento adecuado. Recuerdo que mi primer final me dejó una sensación de WHAT THE FUCKZ inigualable, y para mal.
No es el caso, aquí la trama es sólida de principio a fin. Una historia de la que eres partícipe en la piel de un personaje y no tienes la autoridad moral sobre sus decisiones, pese a que puedas no estar de acuerdo o lleguen a parecerte detestables. Ejecutarlas te obliga a ponerte en su pellejo de verdad, no en plan disfraz, si no con el pack completo, con su mochila de traumas personales incluídos. El juego no trata de como tú te enfrentarías al fin del mundo, si no como lo hacen Joel y Ellie. El acierto es absoluto entre otras cosas porque a través del conocimiento de los personajes, sus miedos, su indefensión y en definitiva sus circunstancias, llegamos a entenderles pese a que quizás creamos que nosotros haríamos las cosas de otra manera.
En otros juegos, Uncharted incluido, matas por matar y ni te paras a pensarlo, es algo completamente vacío. Aquí no pasa, la violencia es cruda y horrible, pero no es opcional porque es la única vía para sobrevivir, y no porque así lo ponga en la caja, si no porque así te lo hace sentir. A veces es incluso tremendamente desagradable. Y hasta sin ser divertido, lo sigues jugando porque tienes que hacerlo. Sí, va en serio, no es divertido. Es agónico, incómodo y desesperante. Es triste y es doloroso. Y de pronto es esperanzador o conmovedor. En el lugar en el que te sitúa, el espacio en el que te obliga a vivir, las cosas serían así.
En definitiva, es un gran videojuego. Y no al estilo habitual. No es de esos de gratificación inmediata. No es una película para entretener, es de las que te hacen pensar. Es uno de los mejores por todo lo que le rodea, por conseguir que el apartado técnico y jugable no sean lo que importa (pese a estar entre lo mejor que hayas visto en tu vida) si no por lo que evoca, por la sensación de estar haciendo algo más que pasar el rato delante de la tele.
Estás manteniéndote en pie, aceptando las cosas chungas y agarrándote a lo poco bueno que queda. Eso es The Last of Us. Es una lección y una obra de arte. Es aquello a lo que los videojuegos deben aspirar. Y si no me hiciste caso antes y has seguido leyendo sin haberlo jugado, no es tarde para que lo hagas. Pero si me vuelves a desobedecer te las verás conmigo.

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