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Sobre Keynote, HyperCard y siestas en conferencias

Por cuestiones de trabajo, últimamente he tenido que adentrarme en el apasionante mundo de las presentaciones preparadas con ordenador.

He diseñado algunas y he sido parte de la audiencia de otras tantas, lo que me ha llevado a dos conclusiones principales: lo increíblemente potente que es esa herramienta de Apple llamada Keynote, y el terrible gusto de la mayoría de la gente a la hora de prepararlas.
Cuando conseguía mantenerme despierto luchando contra el sopor, he presenciado auténticos despropósitos. Sin exagerar, hay que entrenarse para hacerlo tan mal. No me refiero solo a los típicos fondos blancos e interminables bullet lists, ni tan siquiera a los terribles cliparts de Office… Hablo de compañías con un presupuesto multimillonario usando un thumbnail de 170×130 píxeles sobredimensionado en el que se ve más clara la marca de agua de GettyImages que la propia foto… De pantallas llenas de datos estáticos y gráficas de resultados que no verías ni con un microscopio… O de archivos PowerPoint de tres diapositivas para una conferencia de una hora. Durante mis cabezadas me ha ido dando tiempo a reflexionar en que, con un mínimo buen gusto y poniendo un poquito de interés, parece imposible hacerlo tan mal, y más con las herramientas disponibles.

El mejor ejemplo es la aplicación por excelencia para crear presentaciones jamás inventada. Con un Mac y un paquetito que se llama iWork, cualquiera puede ser Al Gore. O casi.
Mi jefe ha centralizado la mayoría del trabajo que hace con sus ordenadores en Keynote, fue él quien me animó a que profundizase. Hacen falta cinco minutos para entender su filosofía de trabajo. Una diapositiva en blanco es un espacio tremendamente versátil, ideal para hacer lluvia de ideas… Creas un contenedor en el que conviven a tu antojo todo tipo de archivos multimedia, no sus previsualizaciones, y las manejas como lo harías si las tuvieses en la mesa. Todo está claro, y es puro “arrastrar y soltar”. Las transiciones, la variedad de temas, las formas… Como pasa siempre con las cosas buenas, puedes conocer sus características, pero hasta que no lo pruebas a fondo no te das cuenta de su verdadero potencial, hay mucho que rascar bajo la superficie.

Puedes crear documentos para imprimir sin pasar por Word o Pages, hacer una programación híbrida de videos, música e imágenes para lanzar a un proyector en un evento, pases de fotos que guardar como archivo de video para el iPod, una peli Flash accesible por un cliente vía web… Y todo con una estabilidad asombrosa, una suavidad alucinante. Quizás la mejor demostración por parte de Apple del poderío de Quartz.

Esta versatilidad, y experiencia de usuario me ha recordado muchas veces a la que fue mi aplicación preferida durante años y que en Cupertino guardaron en un cajón hace mucho. Se trata de HyperCard.

Aquel mítico software, ideado para crear bases de datos en función de su propio lenguaje de programación (HyperTalk) y una interfaz gráfica fácilmente modificable (hasta permitía dibujar directamente), evolucionó hasta convertirse en una plataforma en la que crear presentaciones y multitud de programas de otros tipos, incluidos los juegos estilo “elige tu propia aventura” que me harté de inventar en mi adolescencia. Cuando se habla de las incontables innovaciones de Apple, es muy común olvidarse de HyperCard, en el que se inspiró la competencia para crear PowerPoint, Visual Basic o Macromedia (ahora Adobe) Director, entre otros.
Sus “pilas” (programas) que contenían “stacks” (diapositivas) no eran más que archivos Keynote de aspecto rudimentario, pero en los que se escondían muchas más posibilidades. Bajo mi punto de vista, todavía está por llegar su verdadero sucesor, y si lo hubiese, Keynote podría ser el candidato. Si le dedicasen un equipo de programación de los grandes y le diesen un empujón serio en sus características, creo que estaríamos hablando de una Killer App bastante más grande aún de la que es ahora. El “Keynote Pro”.

Tan solo añadiendo zonas de click para crear sencillísimos links entre diapos y dando la posibilidad de exportar a un archivo autoejecutable (al estilo Adobe Director), se le daría una nueva dimensión a la aplicación, permitiendo crear pequeños interactivos como los que se hacían con HyperCard… Si además se profundizase en las variables que podemos “programar”, las posibilidades se incrementarían aún más… Imagínate crear una web entera exportando a Flash o hacer archivos para ordenadores en modo kiosko con la sencillez de Keynote…
Se riega todo con una interfaz mejorada para dar más opciones al usuario, con un menú de capas al estilo Photoshop (odio eso de tener que hacer click derecho y “enviar al frente”), una línea de tiempo parecida a la de iMovie (tampoco es lo más adecuado revisar cada diapo con el Inspector en busca de las mejores transiciones) y otras veinte paletas (Si Apple le pone “Pro” a un software es porque las tiene) y ahí lo tenemos.

Un arma nueva para declarar la guerra a los inmovilistas que solo quieren un fondo blanco, y bullet lists. Y a la gente que va a las conferencias a echarse la siesta.